martes, 1 de agosto de 2017

Como aprovechar las vacaciones para reducir el estrés



Foto: www.pixabay.com


Juan Manuel Martín
Coordinador de Psicología del Teléfono de la Esperanza

En un artículo anterior decíamos que el término estrés se utiliza para describir la sobrecarga que los acontecimientos de la vida van poniendo sobre nuestras espaldas y esa sobrecarga depende tanto de la intensidad con que vivimos esos acontecimientos, como de la capacidad que creemos tener para hacerles frente.
Afirmábamos que las situaciones nuevas,  imprevisibles sobre las que tenemos poco o ningún control, son las que nos provocan el máximo estrés.  Lógicamente si nos empeñamos en controlarlo todo, vamos a ser, tarde o temprano, víctimas del estrés y tal vez este nos lleve de la mano a la ansiedad o a la depresión.
Pero ahora estamos en periodo vacacional, al menos, para los afortunados que se las pueden permitir  y los que ahora no las pueden disfrutar, tal vez lo hagan dentro de unos meses, por lo que lo que planteamos en este artículo son varias cuestiones que tienen que ver con el estrés y estos necesarios y esperados periodos vacacionales, veamos:

¿Cuánto tiempo necesitamos  para liberarnos del estrés acumulado a lo largo del año laboral?
¿Un mes, una quincena, una semana, un puente, un fin de semana? Es difícil dar un periodo exacto que sea satisfactorio para la mayoría de las personas. Hay quien el hecho de tener por delante un largo periodo de inactividad laboral, le produce estrés, aunque pueda parecer extraño.
Hay también quienes pueden desconectar durante los fines de semana o en los puentes, estos afortunados,  no necesitan un largo periodo de vacaciones.
Bien, los psicólogos que lo estudian casi todo, convienen en decir que, en términos generales, se necesita al menos una semana para poder dejar atrás el estrés acumulado, sobre todo en lo referente al aspecto físico, aunque es la actitud de las personas ante el periodo vacacional, la que decide si el tiempo debe ser  mayor o menor.

¿Pueden ser las propias vacaciones fuente de estrés?
Aunque cueste creerlo, hay personas para quienes las vacaciones en vez de ser un momento para relajarse y olvidarse de preocupaciones, pasan a ser todo lo contrario, ya que no logran desconectarse de su actividad laboral cotidiana.
El estrés no se toma vacaciones, y es común observar a personas que se estresan más en el parón vacacional que en la abrumadora rutina laboral del año ¿Por qué? Conviene no olvidar lo que hemos dicho al principio: los acontecimientos inesperados sobre los que carecemos de control, nos producen estrés.
Si nuestra “zona de confort” es la rutina diaria: nuestra agradable ciudad, nuestra confortable casa, nuestra conocida piscina comunitaria, nuestra plácida cama, y nos tenemos que desplazar  “para cumplir con el ritual” al cutre e incomodo apartamento u hotel playero, o a esa casa rural, donde la relación calidad  / precio es desproporcionada y las vacaciones nos sacan de ella, sin duda, esto nos va a producir malestar.
En no pocas ocasiones, los viajes vacacionales, se convierten también en inesperadas fuentes de estrés: Ese maravilloso y lejano viaje que, además de dejar tambaleando la cuenta corriente, nos obliga a una preparación como si fuéramos a competir en las olimpiadas y donde el mayor aliciente está en el hecho de “callar” a nuestro cónyuge, empeñado en vivir similares experiencias a las que se anuncian a todas horas por la pequeña pantalla, para que luego podamos presumir ante amigos y conocidos de todo lo visto y fotografiado, eso si, una vez recuperados del llamado “Síndrome del viajero o de Sthendal” (mareos y dolor de cabeza por exceso de estimulación).
En otras, el estrés vacacional puede tener su origen en la “obligada convivencia” con la familia, de la que el resto del año estamos “protegidos” por el “otro estrés”, el laboral, preferible sin duda a tener que soportar a la cuñada, suegro, sobrinos y demás retahíla de compromisos ineludibles, que transforman el plácido descanso veraniego en un refinado y delicado suplicio.
Cada vez es más frecuente que los especialistas se encuentren en las consultas a pacientes que explican que su problema comenzó durante sus vacaciones, que están nerviosos, angustiados y sobresaltados, todo les preocupa, transpiran mucho, tienen taquicardia y problemas para dormir. En ciertos casos, acompañan el relato de una crisis de pánico, como corolario". Se ha instalado en ellos la ansiedad.

¿Hay algo que podamos hacer para que las vacaciones se conviertan de verdad en un confortable periodo de descanso?
Los periódicos en verano y las páginas web, están cargados de consejos. Me he permitido hacer una selección de ellos, pero seguro que me dejo atrás otras alguno.  Ahí van cinco de ellos:

 Ponerse y poner límites a los demás, no cediendo a las demandas laborales que no respeten el tiempo de vacaciones.
 Buscar actividades que produzcan satisfacción personal, y  descarguen tensiones: actividades físicas, sociales, o hasta mentales como juegos de ingenio.
 Hay que cambiar el esquema horario aumentando si es necesario, el tiempo destinado a dormir. En este punto hay todo tipo de opiniones, pero podemos decir que nuestra necesidad de sueño viene dada por la media de horas que dormimos cuando lo hacemos de forma espontánea, sin poner el despertador, en un periodo de al menos, quince días.
 Mantener una alimentación equilibrada, combinándola con el placer de ingerir alimentos diferentes y de sabor agradable, ya que tienden a disminuir los niveles de ansiedad: frutas, verduras, frutos secos, alimentos proteicos... Evitando un excesivo consumo de azúcares: helados, batidos, alimentos procesados, en general.
    Es importante dedicar más tiempo a hablar y menos a escribir a través de las «tecnologías de nuestro tiempo».

¿Y qué hay del síndrome postvacacional? ¿Cómo sobrellevar los primeros días de trabajo a la vuelta de vacaciones?
El síndrome o depresión postvacacional se ha puesto de moda de un tiempo a esta parte, hasta el punto que no hay telediario a principios de septiembre que no hable de ello. Al final conseguirán que lo tengamos, pero desde siempre, la incorporación al trabajo tras un periodo más o menos dilatado de inactividad, produce en muchas personas, ciertos efectos desagradables, pero hablar de síndrome o depresión, parece a todas luces, exagerado.
Sea como sea, siempre podremos hacer algo para disminuir esos efectos, he aquí algunas ideas:
    Tratar de buscar el lado más positivo de la vuelta al trabajo: “la empresa aún cuenta conmigo y no ha cerrado”. Además, es conveniente no apurar las vacaciones y se intente adelantar un poco el regreso para irnos adaptando a  las rutinas habituales como horarios, alimentación, ocio y horas de sueño.
  Durante la primera semana de trabajo  hacer alguna actividad parecida a lo que se hacía durante las vacaciones, como algún paseo en el tiempo para comer, deporte o salidas con amigos después del trabajo. Son una buena ayuda para no echar tanto de menos los días de vacaciones. Y luego, en la medida de lo posible,  continuar con estos nuevos hábitos
 Valorar y aprovechar los fines de semana, son la mejor oportunidad para desconectar del trabajo hasta que se vuelva a tener otro periodo de vacaciones.
  Durante las horas de trabajo buscar momentos de pausa para reactivar la respiración, variable esencial en los procesos de control del estrés y la ansiedad. La respiración abdominal lenta y profunda es una herramienta imprescindible de ayuda para afrontar los problemas a lo largo del día y para mantener la calma en momentos de máxima tensión. Respirar adecuadamente ayuda a relajar la mente, desconectar y mejorar el estado de ánimo.

Bien, esto es todo. No crean que todo esto se me ha ocurrido a mi solo. He consultado varias páginas web y me gustaría compartirlas con ustedes por si quieren buscar mas información. Gracias por llegar hasta aquí.






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